martes, 24 de junio de 2008

Ebria lucidez


Cada día me gusta más el vino. Y todo lo que conlleva beberte una buena botella en un sitio agradable y bien acompañado. La conversación fluye entre copa y copa cada vez más interesante y dinámica. Las ideas se te atropellan en los labios. Sientes los conceptos extrañamente claros, aunque no siempre tu boca se convierte en aliada, destrozándolos con una sílaba mal pronunciada. Pero normalmente tu interlocutor, igualmente ebrio, espera su turno sumergido completamente en la conversación sin percatarse de esos pequeños detalles que vistos desde fuera romperían el encanto.

Cuando un amigo te mira a los ojos mientras, emocionada, enumeras argumentos y soluciones para este podrido mundo, y ves en su mirada comprensión e interés, se produce en momento mágico. Es como si los planetas se alineasen para darte la razón. La cuadratura del círculo. Por fin encontraste una verdad. Estos son los contadísimos momentos en los que sientes la certeza de haber encontrado alguien especial.

Quizás sea una noche más que se pierda en tu/su memoria. Pero fuimos felices ante esa botella de vino. Extrañamente lúcidos.

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